Tema 1 – Carla Bouzada

¡Hola a tod@s!

En esta entrada trataremos una cuestión relacionada con la materia trabajada en el tema 1:

La enseñanza de lenguas en el presente modelo educativo, nacional y autonómico

Teniendo en cuenta que el modelo educativo actual no se puede entender sin una vista atrás hacia la evolución que ha tenido la educación en España, concretamente en lo relativo a las lenguas extranjeras, hoy empezaré por hacer una breve reflexión sobre nuestro pasado en este tema.

Desde mediados del siglo XIX, debido a la difusión de las ideas liberales, la educación se convierte en una preocupación y una necesidad, ya que se la considera un pilar fundamental para el progreso de la nación. Tendrán que pasar, sin embargo, más de cien años para que se establezca la enseñanza obligatoria como un derecho universal.

A comienzos de siglo XX, la educación todavía es un privilegio de las clases alta y media-alta en un país con una mayoría de analfabetos. Esta educación elitista reconoce la importancia del conocimiento de las lenguas vivas y se introducen en los planes de estudio de segunda enseñanza el francés, el inglés y el alemán. De esta época es interesante destacar que se recomendaba el uso de la lengua extranjera como lengua vehicular en las clases.

Hasta bien entrado el siglo XX, el francés es, con diferencia, el idioma más estudiado y, de hecho, era el único obligatorio para el grado de bachillerato a principios de siglo. Entendemos que esta posición de la que gozaba en la educación era producto del prestigio social de la cultura francesa. Es a partir de 1926 cuando en el bachillerato elemental se establece el francés como obligatorio.

Una buena muestra de cómo las circunstancias de carácter geopolítico ajenas al sistema educativo van a condicionar decisiones, es que al final de la guerra civil, en 1938, el gobierno franquista establece como obligatorio el italiano y el alemán, las lenguas de las potencias aliadas del régimen.

En la segunda mitad del siglo XX se produce un cambio en el sentido de la diversificación de las lenguas, y comienza a ganar peso el inglés. Se refuerzan las lenguas modernas con una clase diaria y ahora deben impartirse en la propia lengua.

En los años 70, con la llegada de la Ley General de Educación, se produce un gran cambio, ya que realmente es la primera ley de referencia del sistema educativo español. A través de ella se establece la Enseñanza Básica Obligatoria y, con esta última, las lenguas extranjeras llegan a toda la población. Además, empiezan a impartirse a partir de los 11 años, en la segunda etapa de la EGB. En esta etapa el centro decide qué lengua o lenguas se imparten.

Desde la propia ley se recomiendan para las lenguas las cuatro destrezas (comprensión oral y escrita, expresión oral y escrita), el enfoque oral y los métodos activos. Sin embargo, a pesar de unas orientaciones que podríamos considerar adecuadas, la realidad en las aulas no se corresponde, pues como escuela tradicional que es, sigue usando métodos autoritarios, memorísticos, poco activos y nada prácticos, de ahí el nulo nivel español de competencia lingüística a pesar de los años de escolarización obligatoria. Los legisladores, conscientes de este problema, recomiendan anteponer la fluidez a la corrección en el estudio de idiomas.

En 1990, con la LOGSE y ya en democracia, se amplían los años de docencia de lenguas extranjeras, que comienzan en el segundo ciclo de primaria, y en secundaria, aparte del mantenimiento de una lengua obligatoria, aparece como optativa una segunda lengua extranjera.

En las últimas décadas del siglo XX, el inglés se convierte en primera lengua, dejando en segundo lugar, y a mucha distancia, al francés. Esto tiene que ver con los cambios geopolíticos en el mundo. Estados Unidos, como primera potencia mundial, pasa a liderar Occidente económica y culturalmente.

Ya desde la LOE, y acusadamente desde la implantación de la LOMCE, el plurilingüismo pasa a ser uno de los ejes principales de la educación dado que permite el acceso a mercados laborales más amplios. Este enfoque de carácter liberal de la ley actual fomenta un humanismo individualista, competitivo y orientado al éxito profesional.

Una reflexión final

La LOMCE es la quinta ley desde 1980, respondiendo cada una de ellas a un cambio de gobierno PP-PSOE. De hecho, algunas de ellas no llegaron a ser completamente implementadas. Esta inestabilidad normativa ha demostrado la incapacidad de la clase política española de alcanzar un Pacto de Estado para la Educación, que con la participación de la comunidad educativa, asociaciones, agentes sociales y los sindicatos podría equilibrar el sistema y facilitaría la mejora y eficacia del mismo. Este pacto se ha realizado en otros países europeos, algunos de ellos continuamente citados como ejemplos y modelos, como es el caso de Finlandia.

Paradójicamente, el rechazo a la LOMCE consiguió un alto nivel de consenso social del que participaron organizaciones de estudiantes, familias, profesorado, movimientos como la Marea Verde, etc. Esto generó una respuesta que dificultó la aplicación del calendario y provocó varios aplazamientos.

Actualmente, después de casi siete años, la LOMCE aún está en vigor y dependerá de la situación política su modificación parcial o su derogación. En cualquier caso, sigue siendo necesario un gran Pacto de Estado.

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