Tema 4 – Cristina Rodríguez

¡Hola a tod@s!

En esta entrada trataremos cuestiones relacionadas con la materia trabajada en el tema 4: La evaluación en el aula de lenguas extranjeras: evaluación inicial, formativa y final; uso de descriptores (rúbricas).

Antes de nada, para que queden todos los conceptos bien claros, vamos a definir cada una de estas evaluaciones:

  • Evaluación inicial. Como su propio nombre indica, es aquella que se realiza en un primer contacto, para que tanto el docente como el propio alumnado se ubiquen en cuanto a qué conocimientos tienen de la materia que se va a trabajar. Es decir, se trata de una evaluación diagnóstica que también nos sirve para establecer objetivos y esta puede ser escrita y/u oral.
  • Evaluación formativa. Es aquella que se da a lo largo del aprendizaje, es continua y nos sirve para hacer un seguimiento de los progresos del alumnado, identificar aquello en lo que necesitan refuerzo y aquello que ya les ha quedado claro. Este tipo de evaluación permite actuar de manera inmediata y atajar el problema cuando se produce y no tras una prueba final, cuando ya es demasiado tarde.
  • Evaluación final o sumativa. Esta evaluación es la que se realiza para analizar los resultados del proceso de aprendizaje cuando este ya ha finalizado. Algunas herramientas de evaluación sumativa son exámenes, rúbricas o checklists.

Teniendo estas nociones básicas claras, podemos profundizar un poco en el tipo de evaluación que nos puede interesar más, en este caso es la evaluación formativa, pues creo que es la que más nos puede aportar, tanto al alumnado como al profesorado. En la evaluación formativa, el alumnado debe poder saber qué es lo que se le pide para poder adaptarse a ello, es decir, debe ser una evaluación transparente y con objetivos claros, y también deben poder obtenerse los datos de múltiples maneras, con diferentes herramientas. Por tanto, lo más importante de la evaluación formativa es que esté basada en el feedback.

Respecto a esto último, vimos un vídeo muy interesante de Dylan William, un  pedagogo británico y profesor emérito de evaluación educativa en el Instituto de Educación de la UCL, en el que habla de la importancia de proporcionar un feedback adecuado. ¿A qué nos referimos con esto? A que, contrario a lo que podemos pensar en un principio, elogiar al alumno que ha producido un buen texto no suele traer buenos resultados, es más, inflamos su ego y probablemente en el futuro su rendimiento descienda. Sin embargo, si nos centramos en la tarea y no en la persona,  si nos centramos en lo que cada uno puede hacer para mejorar, los resultados mejoran significativamente. Un buen feedback siempre implicará una reflexión, provocará que el alumno no se quede en su zona de confort y le motivará, pues sabrá que la habilidad no es algo prefijado y que trabajando se puede mejorar.

Retomando la cuestión de la evaluación formativa, como decíamos, el feedback es una de las estrategias clave. Pero no debemos olvidar otras que también son de gran importancia como: compartir y comentar los criterios de evaluación para que los alumnos sepan lo que esperamos de ellos; demostrarles que están aprendiendo mediante, por ejemplo, la creación de exámenes por su parte que constaten que saben cuáles son las cuestiones más importantes; hacerlos a ellos mismos responsables de ese proceso haciendo que se autoevalúen y que hagan un seguimiento de su proceso y progreso con diarios, por ejemplo, y también aprovechar la coevaluación como ayuda para este proceso de aprendizaje, pues si se les da las herramientas correctas, está demostrado que puede ser incluso más eficaz que si los apuntes y comentarios los hace la o el docente. Esas herramientas de las que hablamos, además de guías, son los instrumentos de evaluación, que van desde la observación hasta las rúbricas, pasando por cuestionarios o diarios.

En mi caso y comentándolo con una compañera, creo que la estrategia que más me gusta y considero más eficaz es las reuniones cara a cara con el alumno, es decir, el feedback del que hablamos. En las reuniones podemos comentar aquello que ha estado bien y lo que falta trabajar y vemos directamente la reacción del alumno, al mismo tiempo que él o ella puede también transmitirnos sus dudas, sus sensaciones o las razones por las que está trabajando de una manera determinada.

Para trabajar estos contenidos, durante las sesiones de clase relacionadas con este tema reutilizamos una actividad de mediación de concienciación sobre el acoso que habíamos creado en anteriores sesiones mi grupo (Lara Rodríguez, Adrián Alfonso, Eva Parada y yo), creamos una rúbrica de evaluación para ella y contestamos a unas preguntas sobre evaluación formativa. Creo que la práctica es lo más necesario en estas materias, por ello me pareció útil poder practicarlo y que la docente nos hiciese anotaciones sobre cómo mejorar. Aquí os dejo ambas tareas.

En resumen, el tema de la evaluación es bastante más interesante y complejo de lo que esperaba y hay multitud de formas de evaluar. Es necesario entrar en contacto con todas estas herramientas para poder elegir la o las que más nos convengan en cada caso y adaptarnos así a nuestro alumnado.

Y a vosotr@s, ¿qué os ha parecido?

Algunos enlaces de interés

2 comentarios en “Tema 4 – Cristina Rodríguez”

  1. Hola Xiana y resto de lectoras y lectoras:

    Honestamente, al igual que a ti, el tema de la evaluación me ha sorprendido positivamente y me ha parecido bastante más útil de lo que me esperaba. Ya en otras materias habíamos tratado los aspectos más teóricos, la diferenciación de tipos de evaluación y su momento de ejecución, pero nunca la parte práctica, en la línea de este máster para la “formación” de profesorado. Por ello, me ha parecido muy útil la reflexión a nivel práctico que nos ha permitido darnos cuenta qué es lo que realmente queremos evaluar como docentes y cómo hacerlo. Como dices, la evaluación formativa se basa en el feedback, cuestión que me parece fundamental y necesaria para que el alumnado no solo se sienta calificado y clasificado en base a un resultado numérico. Sin embargo, no estoy completamente de acuerdo con el pedagogo británico. Puede ser un poco osado poner en duda una teoría que parece estar bastante sustentada y respaldada por un profesional, sin embargo, me parece que es demasiado genérica. Creo que una de las principales cuestiones que convierte la labor del docente en algo tan complicado es la heterogeneidad de aulas en las que tiene que desarrollar su trabajo. Indudablemente es una ventaja pero, en determinados aspectos bajo mi punto de vista, también puede ser una complicación. No creo que se pueda comparar la retroalimentación que le tengas que dar a un alumno de altas capacidades, con la de un alumno que presente mayores dificultades en el desarrollo de una tarea. No creo que se deba a una cuestión de ego, sino a apreciar un proceso o un resultado en el que se ha visto mucho más empeño o esfuerzo Creo que puede resultar muy motivadora para determinados perfiles de estudiantes. Personalmente, considero que la riqueza de los diversos tipos de evaluación nos permite adaptarlos al tipo de alumnado, actividad, objetivo perseguido, etc. Y que, como docentes que somos, debemos conocerlos y saber manejarlos acorde a todas estas variables. No tengo nada que comentar al respecto de las actividades, pues las hemos hecho en grupo y estoy muy orgullosa de cómo las hemos afrontado. Quizás no se perciba tanto en el resultado, como en el empeño que le hemos puesto en el proceso. Un claro ejemplo de que la evaluación formativa es necesaria.
    Saludos, dear.
    Eva

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  2. ¡Hola Xiana!

    En primer lugar enhorabuena por tu entrada, clara y más comprensible gracias a las imágenes que aportas.
    Estoy totalmente de acuerdo con lo que comentas sobre la evaluación formativa y sobre todo con el feedback. En mi caso, en las prácticas que realicé en la EOI de Pontevedra en el Máster de Lingüística Aplicada tuve que poner en práctica una unidad didáctica y evaluarla. Uno de mis máximos desde el principio fue el de tener un feedback contastante con el alumnado, ya que durante todo el máster nos inculcaron la importancia de esto para que nuestro alumnado obtuviera un buen resultado. Para llevarlo a cabo les proporcioné desde un principio la rúbrica de evaluación para que supieran de dónde saldría su nota; además, ellos y ellas disponían también de una rúbrica de autoevaluación para que valorasen cuánto habían aprendido. Por otra parte, las actividades que íbamos realizando semanalmente no se corregían presencialmente, sino que las correcciones eran individuales y nunca les mostraba las soluciones de sus errores, sino que se corregían por colores para identificarlos (erros gramatical, sintáctico…), reservando, asimismo, 10 minutos de la última clase de la semana para posibles dudas, cara a cara.

    FInalmente, antes de finalizar mi período de prácticas distribuí una encuenta de valoración para saber si estaban contentos con mi labor como docente, si habían aprendido adecuadamente, qué cosas podía mejorar… Los resultados fueron bastante buenos precisamente a que resaltaban la importancia del feedback constante que tenía con ellos y ellas, lo que les había motivado más a aprender.

    En conclusión, todo lo que aportas en esta entrada realmente se materializa realmente si se pone en práctica con el alumnado.

    Un saludo.

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